La mañana se presentaba fresca, que decir ¡fresquísima! Un café en el Aromas y un pan con mortadela del Ahorramás nos motivaron los suficiente para encaminarnos con el corsa al puerto de Navacerrada, donde el frío y la nieve nos aguardaban. Tras la amenaza de comer hierba y vaciar el cenicero en la cuneta a causa de la nieve en el puerto de Navacerrada, nos fuimos con la orejas gachas por donde vinimos, eso si, arriba paramos y sacamos dos o tres foticas.
Tras la frustrada intentona de visitar el pico más alto de la comunidad de Madrid, nos fuimos a La Jarosa aprovechando la bajada.
Andando llegamos hasta el valle de los caídos y nos colamos saltando el muro. Luego nos comimos el bocata en una de las ermitas y terminamos haciendo el gañán por el lago.


El día se estaba poniendo feo por allí arriba y el corsa no da para mucho. Volvese fue la solución más acertada...
La Jarosa como siempre tan acojedora... Nos sentíamos

como en casa.
